Cuba a oscuras y escasez: la vida diaria en medio de la incertidumbre

Velas que reemplazan bombillos, filas interminables por comida y familias que cocinan con carbón marcan la rutina de millones de personas. Mientras los apagones se extienden por horas y la escasez golpea cada hogar, el pueblo cubano resiste apoyándose en la solidaridad y en la esperanza de días mejores.

En Cuba, vivir sin electricidad dejó de ser una excepción y se convirtió en parte del día a día. Los apagones, que en muchas zonas superan las ocho y hasta doce horas continuas, obligan a miles de familias a reorganizar su vida alrededor de un servicio cada vez más impredecible.

Cuando cae la noche, calles enteras quedan en penumbras. Dentro de las casas, las velas sustituyen los bombillos, los abanicos se detienen y los alimentos corren riesgo de perderse en refrigeradores apagados. En barrios de La Habana y del interior del país, la escena se repite: personas sentadas en portales buscando algo de brisa, niños haciendo tareas con linternas y adultos calculando qué cocinar antes de que vuelva a irse la luz.

A los apagones se suma la escasez de alimentos, medicinas y combustible. Las filas frente a bodegas y farmacias comienzan de madrugada; muchas veces, tras horas de espera, la respuesta es la misma: “se acabó”. Para cocinar, numerosas familias recurren al carbón o la leña, mientras el gas y el combustible siguen siendo difíciles de conseguir.

“Aquí uno aprende a resolver”, comenta una madre habanera mientras guarda agua en cubetas, previendo el próximo corte eléctrico.

El sistema eléctrico cubano arrastra años de deterioro, falta de mantenimiento y dependencia del combustible importado. Las constantes averías en las termoeléctricas y las limitaciones financieras del Estado mantienen al país en un ciclo de apagones que golpea hogares, hospitales, escuelas y pequeños negocios.

El gobierno, encabezado por Miguel Díaz-Canel, asegura estar trabajando en reparaciones urgentes, generación distribuida y proyectos de energía renovable. Sin embargo, para la mayoría de los ciudadanos, esas soluciones aún no se reflejan en su realidad inmediata.

En medio de la crisis, también emerge la solidaridad: vecinos que prestan extensiones para cargar celulares, familias que comparten comida antes de que se dañe, personas mayores acompañadas por la comunidad durante las noches más largas.

Mientras tanto, el cansancio social crece, al igual que el deseo de muchos de buscar un futuro fuera del país. Cuba permanece a oscuras, no solo por la falta de electricidad, sino por la incertidumbre que marca la vida de millones.

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